Imprimir un QR que se escanee de verdad: tamaño, contraste y los dos errores de diseño
Un QR que funciona en pantalla puede fallar impreso. Tres propiedades lo deciden, y dos de ellas son lo primero que un diseñador cambia.
Un código QR no es una imagen decorativa a la que además pedimos que sea legible. Es un soporte de datos con tolerancias, y deja de funcionar de golpe cuando se superan, no poco a poco.
El tamaño: una regla sencilla
Un lector de móvil necesita que cada cuadradito — cada módulo — ocupe varios píxeles en su sensor. La regla de campo cabe en una proporción:
el lado del QR ≈ una décima parte de la distancia de lectura.
Un QR leído a 30 cm, en una mesa: bastan 3 cm de lado. Un QR en un escaparate, leído desde la acera a 2 metros: necesita 20 cm. Un cartel en alto leído a 5 metros: 50 cm, y eso no se negocia.
Por debajo no funciona «peor»: no funciona.
La zona de silencio
El QR necesita vacío a su alrededor: el equivalente a cuatro módulos de ancho, por los cuatro lados. Es lo que permite al lector encontrar dónde empieza el código.
Es la restricción que más se pierde en maquetación, porque parece margen decorativo. Pegar el QR al borde de un folleto, o pasar un filete justo al lado, rompe la detección antes incluso de descodificar.
El contraste y el color
Los módulos deben ser oscuros sobre claro. Al revés —claro sobre oscuro— falla en muchos lectores, que buscan módulos oscuros por convención.
Una tinta de marca en pastel es la trampa clásica. Lo hemos medido en nuestras propias páginas: un QR en violeta claro sobre blanco, con 3,37:1 de contraste, no se descodifica, probado en siete resoluciones y cuatro tratamientos de imagen. El mismo dibujo en negro pasa de inmediato.
Si te empeñas en tu color, escógelo muy oscuro. Un azul noche, un burdeos profundo, un verde bosque funcionan. Un pastel, nunca.
Los dos errores de diseño
Son las dos modificaciones que un diseñador hace de forma espontánea, y son exactamente las dos que lo rompen.
- Separar los módulos. Puntos separados por un poco de blanco quedan bonitos. Pero los tres cuadrados de esquina son bandas macizas con una proporción estricta, y trocearlas las vuelve imposibles de encontrar. El lector ni siquiera mira el contenido: no encuentra el código.
- El logo demasiado grande. Un logo central es perfectamente posible —la corrección de errores del formato lo cubre— pero consume una reserva. Más allá de un cuarto del lado, no queda nada para el desgaste, el pliegue y el reflejo.
Prueba en papel, no en pantalla
La prueba que cuenta se hace sobre el soporte final, a la distancia real, con la luz del sitio. Un QR validado en una pantalla de escritorio puede fallar en papel mate, en una sala con poca luz, con un móvil de tres años.
Imprime un ejemplar. Escanéalo desde donde se va a leer. Son dos minutos, y es la única medida que se refiere a lo que tus clientes tendrán en la mano.
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Los dos parecen el mismo cuadrado en blanco y negro. Uno congela tu dirección en la tinta, el otro no. La diferencia solo se ve cuando quieres cambiar algo, es decir, demasiado tarde.
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